Hoy agradezco por todos aquellos que han sido oídos y manos cuando he necesitado, por ser ladrillos de cambio en la construcción de una sociedad más empática, más equitativa, menos violenta, gracias por ser amor y ser familia, por no sentir miedo de que una mujer sepa más, gane más dinero, sea más grande, más alta, más fuerte, porque en esta sociedad machista, misógina y violenta hizo falta que los hombres creyeran en nosotras como Pierre creyó en Marie para haber logrado que las mujeres perdiéramos el miedo de ser palabra, de ser ciencia, de ser arte, de ser fuera de la cocina y más aún por ser apoyo dentro del hogar, por actuar con consciencia sin escudarse convenientemente en el instinto, gracias por ser parte de un cambio que se ha visto como una lucha en contra del miedo de muchos hombres a escuchar la razón en la voz de una mujer.
Si hoy fuera mi último día me iría sin remordimiento, solo con el miedo de extrañar los abrazos de mis papás de quienes parece que mendigo amor, de mi pareja quien a veces no me soporta y para quien paso a ser un ente invisible, de mi abuela, la mujer más inspiradora, amorosa, ecuánime y estoica que me mantiene con el corazón enamorado, mi sobrino, la risa contagiosa de mis sobrinas a quienes me cuesta tanto decirles que las amo pero son una luz en mi mar de oscuridades y sobre todo, mi perro, el ser más incondicional, paciente, amoroso, comprensivo y peludito de todos, que me enseñó lo que es el cuidado; lo demás me deja sin cuidado, porque todo lo demás parece cuando mucho una distracción de la cotidianidad para mantenerme en el ámbito de lo automático y sin emociones. Que la muerte me encuentre o que la vida se lleve de mí el dolor que cargo dentro y no puedo soltar, el miedo incesante de decepcionar a los demás, con eso me basta, las vistas hermosas, las sonrisas en el c...
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