Toda la vida llevo leyendo partes de la biblia que dice que si no confío y creo que aquel que es tangible (mi prójimo), ¿cómo voy a creer en un dios intangible?, pero la respuesta se hace fácil, solo ed cuestión de usar un poco el sentido común, es fácil confiar en lo intangible porque puedo confiar en que sé que siempre me será leal, que no miente, que no juzga, que no lastima, puedo estar segura de que me ama, que no tendrá mala intención y que la traición no está siquiera en su vocabulario, todo esto, porque lo intangible puede reducirse a lo imaginario, a lo inexistente, a lo que, quizás, no importa.
Si hoy fuera mi último día me iría sin remordimiento, solo con el miedo de extrañar los abrazos de mis papás de quienes parece que mendigo amor, de mi pareja quien a veces no me soporta y para quien paso a ser un ente invisible, de mi abuela, la mujer más inspiradora, amorosa, ecuánime y estoica que me mantiene con el corazón enamorado, mi sobrino, la risa contagiosa de mis sobrinas a quienes me cuesta tanto decirles que las amo pero son una luz en mi mar de oscuridades y sobre todo, mi perro, el ser más incondicional, paciente, amoroso, comprensivo y peludito de todos, que me enseñó lo que es el cuidado; lo demás me deja sin cuidado, porque todo lo demás parece cuando mucho una distracción de la cotidianidad para mantenerme en el ámbito de lo automático y sin emociones. Que la muerte me encuentre o que la vida se lleve de mí el dolor que cargo dentro y no puedo soltar, el miedo incesante de decepcionar a los demás, con eso me basta, las vistas hermosas, las sonrisas en el c...
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